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La Asamblea
Apostólica en Orange es una iglesia que es doctrinalmente conservativa, y
cree completamente en la Biblia y procura preservar y proclamar el
evangelio de Jesucristo.
Enseguida son nuestros 18 puntos doctrinales:
1.
LA IGLESIA
Creemos que la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo es una, universal e
indivisible, formada por todos los hombres, sin distinción de
nacionalidad, idioma, color o costumbres, que hayan aceptado a nuestro
Señor Jesucristo como su Salvador y hayan sido bautizados en el cuerpo por
el Espíritu Santo (1 Corintios 12:13). Los vínculos que unen a los
miembros de la Iglesia son el amor y la fe común y su estandarte o bandera
es el Nombre de Jesucristo, ante cuyo emblema marcha gallardamente la
Iglesia, imponente como ejércitos en orden (Cantares 6:10).
2.
HAY
UN SOLO DIOS
Creemos que hay un sólo Dios que se ha manifestado al mundo en distintas
formas a través de las edades y que especialmente se ha revelado como
Padre en la Creación del Universo, como Hijo en la Redención de la
humanidad, y como Espíritu Santo derramándose en los corazones de los
creyentes.
Este Dios es el Creador de todo lo que existe, sea visible o invisible. Es
eterno, Infinito en poder, Santo en su naturaleza, atributos y propósitos.
El posee una Divinidad absoluta e indivisible; es Infinito en su
Inmensidad, Inconcebible en su modo de ser e Indescriptible en su Esencia;
conocido completamente sólo por sí mismo, porque una mente infinita solo
se puede comprender por sí misma. No tiene cuerpo ni partes y por tanto
está libre de todas las limitaciones. “EI primer mandamiento de todos es:
Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos 12:29;
Deuteronomio 6:4). “Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios...” (1
Corintios 8:6).
3.
JESUCRISTO
Creemos que Jesucristo nació milagrosamente del vientre de la virgen
María, por obra del Espíritu Santo y que al mismo tiempo es el único y
verdadero Dios (Romanos 9:5; 1 Juan 5:20). EI mismo Dios del Antiguo
Testamento tomó forma humana (Isaías 60:1-3). “Y aquel Verbo fue hecho
carne, y habitó entre nosotros...” (Juan 1:14). “E indiscutiblemente,
grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne,
justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los
gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16).
Creemos que en Jesucristo se mezclaron en una forma perfecta e
incomprensible los atributos divinos y la naturaleza humana. Por parte de
María, en cuyo vientre tomó forma de hombre, era humano; por parte del
Espíritu Santo, que fue el que lo engendro en María, era Divino; por eso
se llama Hijo de Dios e Hijo del hombre. Por tanto creemos que Jesucristo
es Dios “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”,
(Colosenses 2:9). Y creemos que la Biblia da a conocer todos sus
atributos. Es Padre Eterno, a la vez es un niño que nos es nacido (Isaías
9:6).
Es Creador de todo (Colosenses 1: 16, 17; Isaías 45:18). Es Omnipresente
(Juan 3:13; Deuteronomio 4:39). Hacía maravillas como Dios Todopoderoso
(Lucas 5:24-26; Salmos 86:10). Tiene potestad sobre el mar (Marcos
4:37-39; Salmos 107:29,30). Es el mismo siempre (Hebreos 13:8; Salmos
102:27).
4.
EL
ESPÍRITU SANTO
Creemos en el bautismo del Espíritu Santo, prometido por Dios en el
Antiguo Testamento y derramado después de la glorificación del Señor
Jesucristo, que es quien lo envía (Joel 2:28,29; Juan 7:37-39; 14:16-26;
Hechos 2:1-4,16-18).
Creemos, además que la demostración de que una persona ha sido bautizada
con el Espíritu Santo, son las nuevas lenguas o idiomas en que el creyente
puede hablar y que ésta señal es también para nuestro tiempo.
Creemos también que el Espíritu Santo es potencia que permite testificar
de Cristo (Hechos 1:8) y que sirve para la formación de un carácter
cristiano más agradable a Dios (Galatas 5:22-25). EI mismo Espíritu da
dones a los hombres, que sirven para la edificación de la Iglesia (Romanos
12:6-8; 1 Corintios 12:1-12; Efesios 4:7-13). No aceptamos que haya en
ningún hombre la facultad de impartir a otro algún don, pues “todas estas
cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en
particular como él quiere.” (1 Corintios 12:11). “Pero a cada uno de
nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”
(Efesios 4:7).
Todos los miembros de la Asamblea Apostólica de la Fe en Cristo Jesús
deben buscar el Espíritu Santo y tratar de vivir constantemente en el
Espíritu, como lo recomienda Romanos 8:5-16; Efesios 5:18; Colosenses 3:5.
5.
EL
BAUTISMO EN AGUA
Creemos en el bautismo en agua, por inmersión y en el Nombre de
Jesucristo, el cual debe ser administrado por un ministro ordenado. EI
bautismo debe ser por inmersión, porque sólo así representa la muerte del
hombre al pecado, que debe ser semejante a la muerte de Cristo (Romanos
6:1-5). Y en el Nombre de Jesucristo, porque ésta es la forma en que los
apóstoles y ministros bautizaron en la edad primitiva de la Iglesia, según
lo prueban las Sagradas Escrituras (Hechos 2:38; 8:16; 10:48; 19:6;
22:16).
6.
LA CENA
DEL SEÑOR
Creemos en la práctica literal de la Cena del Señor que él mismo instituyó
(Mateo 26:26-29; Marcos 14:22-25; Lucas 22:15-20; 1 Corintios 11:23-26).
En esta ordenanza se debe usar pan sin levadura, que representa el cuerpo
sin pecado de nuestro Señor Jesucristo, y vino sin fermentar, que
representa la Sangre de Cristo, que consumó nuestra redención. EI objeto
de esta ceremonia es conmemorar la muerte de nuestro Señor Jesucristo y
anunciar el día en que regresará al mundo y al mismo tiempo para dar
testimonio de la comunión que existe entre los creyentes. Ninguna persona
debe participar de este acto si no es miembro fiel de la Iglesia y está en
plena comunión, pues al hacerlo sin cumplir estas condiciones, no podrá
discernir el cuerpo del Señor (1 Corintios 10:15-17; 11:27,28; 2 Corintios
13:5).
EI Señor, al terminar de tomar una cena con sus apóstoles celebró un acto
que de momento los maravilló y que fue el lavatorio de pies. AI terminar
este acto, el Maestro explicó a sus discípulos el significado de él, y les
recomendó que se lavasen los pies los unos a los otros. La Iglesia
practica este acto en combinación con la Cena del Señor o indistintamente
como un acto de humildad y confraternidad cristiana (1 Timoteo 5:10).
7.
LA
RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO
Creemos en la resurrección literal de nuestro Señor Jesucristo que se
efectuó al tercer día de su muerte, como lo relatan los evangelistas
(Mateo 27:60-64; Marcos 16:1- 20; Lucas 24: 1-12, 36-44; Juan 20:12-20).
Esta resurrección había sido anunciada por los profetas (Isaías 53: 12) y
es necesaria para nuestra esperanza y justificación (1 Corintios 15:20;
Romanos 4:25).
8.
LA
RESURRECCIÓN DE JUSTOS E INJUSTOS
Creemos que habrá una resurrección literal de los muertos en el Señor, en
la cual serán cubiertos con un cuerpo glorificado y espiritual, con el
cual vivirán para siempre en la presencia del Señor (Juan 5:29; Hechos 24:
15; 1 Tesalonicenses 4:16; Job 19:25-27; Salmos 17:15; 1 Corintios
15:35-54).
Los cristianos que estén en pie, en el momento en que el Señor recoja a su
Iglesia serán igualmente transformados y así irán a estar con el Señor
para siempre en gloria (1 Tesalonicenses 4:18; 1 Corintios 15: 51,52).
Creemos también que habrá resurrección de injustos pero estos despertarán
del sueño de la tumba sólo para ser juzgados y oír la dura sentencia que
los hará herederos del fuego eterno (Mateo 25:26; Juan 5:29; Apocalipsis
20:12-15; Marcos 9:44; Daniel 12:2).
9.
EL
RECOGIMIENTO DE LA IGLESIA Y EL MILENIO
Creemos que la Iglesia, compuesta por los muertos en el Señor y los fieles
que estén sobre la tierra en el momento del Rapto, será levantada para ir
a encontrar a su Señor en los aires y participar en las Bodas del Cordero.
Después vendrá con el Señor a la tierra para hacer el juicio de las
naciones y reinar con Cristo mil años. Este período será precedido por la
Gran Tribulación y la batalla del Armagedón, a la cual dará fin el Señor
cuando descienda sobre el Monte de los Olivos con todos sus santos (1
Tesalonicenses 4:13-17; 1 Corintios 15:51-54; Filipenses 3:20,21; Isaías
65:17-25; Daniel 7:27; Miqueas 4:1-3; Zacarías 14:1-16; Mateo 5:5; Romanos
11:25- 27; Apocalipsis 20:1-5).
10.
EL
JUICIO FINAL
Creemos que hay un juicio preparado en el cual participarán todos los
hombres que hayan muerto sin Cristo y los que estén sobre la tierra en el
tiempo de su verificación. Este juicio se efectuará al final del milenio y
también se conoce con el nombre de Juicio del Trono Blanco. La Iglesia no
será juzgada en esta ocasión, sino que ella misma intervendrá en el juicio
que se haga a todos los hombres de acuerdo con lo que está escrito en los
libros que Dios tiene preparados.
AI terminarse este juicio, los cielos y la tierra que hoy existen serán
renovados por fuego y los fieles habitarán en la Nueva
Jerusalén. La dispensación cristiana habrá terminado y entonces Dios
volverá a ser todas las cosas en todos (Daniel 7:8-10,14,18; 1 Corintios
6:2,3; Romanos 2; 16; 14; 1 Corintios 5:10; Apocalipsis 20:5-15; 21:1-6).
11.
LA
SANIDAD DIVINA
Creemos que Dios tiene poder para sanar todas nuestras dolencias físicas,
si así es su voluntad y que la Sanidad Divina es un resultado del
sacrificio de Cristo; pues El llevó nuestras enfermedades y sufrió
nuestros dolores (Isaías 53:4). La sanidad del cuerpo se efectúa por una
combinación de la fe del creyente y del poder del Nombre de Jesucristo que
se invoca sobre el enfermo. EI Señor Jesucristo prometió que los que
creyeran en su Nombre pondrían las manos sobre los enfermos y estos
sanarían (Marcos 16:18). Los enfermos deben ser ungidos con aceite en el
Nombre de Jesucristo por ministros ordenados para que el Señor cumpla sus
promesas (Juan 14:13; Salmos 103:1- 4; Lucas 9:1-3; 1 Corintios 12:9;
Santiago 5:14-16).
Creemos que la Sanidad Divina se obtiene por la fe y que en caso de que
algún hermano tenga necesidad de someterse a los cuidados y ministraciones
de la ciencia médica, los demás no deben criticarlo, sino considerarse a
sí mismos y guardarse de encontrar condenación con lo que ellos mismos
aprueban (Romanos 14:22). Recomendamos que los miembros y ministros de
nuestra Iglesia se abstengan de lanzar críticas indebidas a la ciencia
médica, cuyos adelantos nadie puede negar y que se originan en la
habilidad que Dios ha dado a los hombres para ir descubriendo los secretos
del funcionamiento del organismo humano. AI mismo tiempo, los exhortamos a
que no se opongan a las campañas de higiene, vacunación y limpieza que
sean iniciadas por el gobierno, sino que, por lo contrario, colaboren
decididamente en los lugares donde sea posible.
12.
LA
SANTIDAD
Creemos que todos los miembros del cuerpo de Cristo deben ser santos, es
decir, apartados de todo pecado y consagrados al servicio de Dios. Por
esta razón deben abstenerse de toda clase de prácticas, diversiones e
inmundicias de carne y de espíritu (Levítico 19:2; 2 Corintios 7:1;
Efesios 5:26,27; 1 Tesalonicenses 4:3,4; 2 Timoteo 2:21; Hebreos 12:14; 1
Pedro 1:16).
Sin embargo en la práctica de la santidad, creemos que debe evitarse toda
clase de extremismos, ascetismos y privaciones que tienen cierta
reputación de sabiduría, en culto voluntario y humildad y en duro trato de
la carne, la cual es sombra de lo por venir, mas el cuerpo es de Cristo
(Colosenses 2: 17,23). En lo que respecta a alimentos, sabiendo que “todo
lo que Dios creo es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción
de gracias” (1 Timoteo 4:4).
13.
MATRIMONIO
Creemos que el matrimonio es sagrado, pues fue establecido desde el
principio y es honroso en todos (Génesis 2:21-24; Mateo 19:1-5; Hebreos
13:4). Los matrimonios deben verificarse de acuerdo con las leyes de los
países respectivos y luego solemnizarse en la Iglesia según la práctica
aprobada. Las parejas que no hayan legalizado su unión y deseen
bautizarse, deben cumplir primeramente con los requisitos de las leyes
civiles.
Creemos que el matrimonio es una unión que debe perdurar mientras viven
los dos cónyuges. AI morir uno de ellos, el otro está libre para casarse y
no peca si lo hace en el Señor (Romanos 7:1-3; 1 Corintios 7:39).
Creemos además, que los matrimonios deben verificarse exclusivamente entre
miembros fieles. Ningún ministro deberá casar a un miembro de la iglesia
con una persona inconversa. Los miembros que estando en plena comunión se
casaren con una persona inconversa, deberán ser juzgados por los pastores.
14.
EL
ESTADO Y LA IGLESIA
Creemos en la separación del Estado y la Iglesia y que ninguno debe
intervenir en los asuntos del otro, pues aquí se cumple el precepto
bíblico de dar lo que es de César a César y lo que es de Dios a Dios
(Marcos 12:17).
Los cristianos deben tomar participación en actividades cívicas de acuerdo
con su capacidad e inclinaciones políticas, pero siempre reflejando sus
ideas personales y no las de la Iglesia. La Asamblea Apostólica siempre es
neutral y tiene cabida para los hombres de todos los credos políticos. AI
mismo tiempo, todos los cristianos, deben obedecer a las autoridades
civiles y todas las leyes y disposiciones que de ellas emanen, siempre que
no contradigan sus principios religiosos o los obliguen a hacer cosas en
contra de su conciencia (Romanos 13: 1- 7)
15.
SERVICIO MILITAR
La Asamblea Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, reconoce al gobierno
humano como de ordenación Divina (Romanos 13: 1-2) y al hacerlo así,
exhorta a sus miembros a que afirmen su lealtad a su patria. Siendo
discípulos del Señor Jesucristo, es deber de todo cristiano obedecer sus
preceptos y mandamientos que enseñan como sigue: “No resistáis al que es
malo” (Mateo 5:39). “Seguid la paz con todos” (Hebreos 12:14). También
(Romanos 12:19; Mateo 26:52; Santiago 5:6; Apocalipsis 13:10).Por estas
Escrituras, se cree y se interpreta que los seguidores de nuestro Señor
Jesucristo no deben destruir propiedades ajenas o quitar vidas humanas.
Se considera un pecado, que después de haber recibido el conocimiento de
la verdad, haber sido hechos nuevas criaturas en Cristo Jesús, participar
en acciones o actos diferentes a aquellos recomendados por la Divina
Palabra de Dios (Hebreos 6:4-9; 10:26, 27).
Par lo tanto, se aconseja a todos los miembros que de acuerdo al dictamen
de su conciencia, sirvan libremente a su patria, en tiempo de paz o de
guerra, y prestar servicio, no importando cuán duro o peligroso sea en
todas las capacidades NO COMBATIENTES. La Doctrina enseña que se ore
porque tengamos siempre hombres de Dios como gobernantes y orar por ellos
para que tengan siempre guianza Divina y para que como nación, seamos
guardados fuera de la guerra, con honor y vivir en paz continuamente (1
Timoteo 2:1-3).
16.
PECADO
DE MUERTE
Creemos, a la luz de la Palabra de Dios, que hay pecado de muerte y que si
este es cometido en los términos que expresa la misma Biblia, se pierde el
derecho a la salvación (Mateo 12:31,32; Romanos 6:23; Hebreos 10:20, 27; 1
Juan 5:16,17). Por tanto, recomendamos que todos los fieles se abstengan
de dar oído a doctrinas en que se promete seguridad eterna al cristiano
sin importar su conducta, y la idea de que “una vez salvo, siempre salvo,”
pues la Biblia enseña que es posible ser reprobado y se necesita
permanecer fiel hasta el fin (Romanos 2:6-10; 1 Corintios 9:26,27).
17.
SISTEMA
ECONÓMICO DE LA IGLESIA
Creemos que el sistema que la Biblia enseña para la obtención de fondos
necesarios para el cumplimiento de la obra es el de diezmos y ofrendas y
que debe ser practicado por ministros y creyentes igualmente (Génesis
28:22; Malaquias 3:10; Mateo 23:23; Lucas 6:38; Hechos 11:27,30; 1
Corintios 9:3-14; 16:1,2; 2 Corintios 8:1-16; 9:6-12; 11:7-9; 1 Timoteo
5:17,18; 6:17-19; Gálatas 6:6-10; Filipenses 4:10-12,15-19; Hebreos
13:16).
Sabiendo que la obra de Dios no tan sólo tiene aspecto espiritual, sino
también material, creemos que es necesario reglamentar la manera en que se
adquieran y distribuyan los fondos necesarios para responder a las
necesidades materiales de la obra.
18.
EL
CUERPO MINISTERIAL
Creemos que el ministerio es un llamamiento de Dios y que el Espíritu
Santo confiere a cada ministro la facultad de servir a la Iglesia en
distintas capacidades y con distintos dones, cuyas manifestaciones son
todas para edificación del Cuerpo de Cristo (Romanos 12:6-8; 1 Corintios
12:5-11; Efesios 4:11,12).
Creemos también que, aunque el llamamiento al ministerio es de origen
Divino, la Palabra de Dios contiene suficientes enseñanzas sobre los
requisitos que debe llenar la persona que vaya a servir en el ministerio y
que corresponde a los gobiernos eclesiásticos debidamente organizados
examinar a los candidatos al ministerio y determinar cuándo son dignos de
aprobación, y la tarea a que se deben dedicar (Hechos 1:23-26; 6:1-3; 1
Timoteo 3:1-lo; 4:14; 5:22; Tito 1:5-9).
Creemos además, que el Espíritu Santo usa al ministro en distintas formas,
según las necesidades de la obra de Dios y la capacidad y disposición
personal del ministro. Nadie puede ser colocado en una posición más
elevada que aquella a que se haga merecedor (1 Timoteo 3: 13; Romanos
12:3).
Creemos que el obispado es el cargo más elevado en el ministerio y que a
quienes lo ocupan, se les debe dar muestras especiales de consideración y
respeto, sin menoscabo de los que ocupan posiciones de menor
responsabilidad.
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